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FÚTBOL

23 de julio de 2021

ES DE ETRURIA Y DEJÓ EL FÚTBOL POR EL STRESS

A CAUSA DE ELLO PERDIÓ EL CABELLO Y ESO FUE EL DISPARADOR PARA COLGAR LOS BOTINES. HOY DISFRUTA DEL KARTING, SU OTRA PASIÓN

Pablo Mattalía decidió alejarse del fútbol profesional tras perder el 100 por ciento de su pelo por estrés. Volvió a su pueblo, trabaja de contador y vive una nueva pasión.

Mattalia tiene apenas 26 años, pero habla como una persona mucho mayor. Como alguien sabio. Que vivió, que aprendió, que sufrió y que se está sanando. Que entendió por dónde pasaba la felicidad. Al menos la suya, la más importante.

Para el mundo del fútbol cordobés, Mattalia era un prometedor zaguero de las inferiores de Belgrano, que llegó a ser capitán y referente de la Reserva cuando el Celeste estaba en Primera División.

Pero, por esas cosas del fútbol, nunca llegó a debutar oficialmente.

Oriundo de la localidad de Etruria, en el interior cordobés, hizo el mismo camino plagado de esfuerzo de tantos chicos.

Dejar su hogar, a la familia, a los amigos, parte de su adolescencia, para buscar triunfar en el fútbol.

Y se podría decir que, a su manera, lo consiguió: jugó en la Primera de Instituto y fue futbolista profesional.

También en Sportivo Belgrano de San Francisco, donde estuvo dos temporadas en la plantilla del Torneo Federal A.

Pablo siempre fue un jugador que escapó del lugar común. Que pensaba en su futuro. Que se preocupaba.

Por eso, mientras jugaba profesionalmente, estudió y se terminó recibiendo de contador público.

Todo marchaba bien hasta que un día la ficha cayó por el lado de su salud.

Por estrés, perdió el 100 por ciento del pelo de su cuerpo. Y eso fue la gota que rebalsó el vaso.

Abandonó el fútbol profesional y, en medio de la pandemia de coronavirus, decidió regresar a su casa, a Etruria.

Allí está su vida hoy, alejada de las luces del fútbol. Pero disfrutando de una tranquilidad y una paz que necesitaba.

Eligió otra vida. Y es muy feliz, trabajando como contador junto a sus padres, jugando de manera amateur en el club de su ciudad, Talleres de Etruria.

Y con una nueva pasión: el karting.

“Acá estoy, en mi pueblo. Recién salgo de trabajar. Estoy laburando de contador. Cuando se dio el tema de la pandemia, me volví nomás. No sabía qué hacer, pero opté por quedarme en Etruria, para estar más tranquilo, junto a la familia. Trabajo con mi mamá, que también es contadora. Una de las cosas que me hizo pensar fue que perdí el 100 por ciento del pelo de mi cuerpo por stress. No estaba bien, así que esos fueron los motivos que me llevaron a dejar de jugar y bajar un cambio”, le cuenta Pablo a Mundo D.

Nacido el 10 de febrero de 1995, siempre se destacó por ser un zaguero derecho firme y de 190 centímetros. Una “torre”.

Entre 2015 y 2020 jugó 30 partidos de manera profesional entre B Nacional, Copa Argentina y Federal A, convirtiendo dos goles.

Hasta que un día dijo basta y volvió a su ciudad natal, para recomenzar.

EL FÚTBOL Y LA VELOCIDAD

Pablo asegura que lo suyo con el fútbol profesional “no es un capítulo cerrado”.

Pero hoy su vida pasa por otro lado: su trabajo de contador, entrenarse con Talleres de Etruria a la espera de que se reactive la competencia y el karting, su nueva “locura”.

“No digo que el fútbol profesional es un capítulo cerrado en mi vida porque quizá el día de mañana me puede volver a picar el bichito. Pero, por ahora, no. Entre el trabajo y mi vida acá, estoy muy feliz”, agrega.

Acá en Etruria estoy tranquilo, disfruto de la familia. Estoy contento con la decisión que tomé. Y con respecto al karting, es una pasión que tenía siempre, que me gustaba mucho. En Etruria se hizo una pista y se armó un grupo de amigos muy lindo, que vivimos compartiendo asados y domingos en el circuito. Tengo el karting ploteado mitad de Messi y mitad de Maradona, abrazados. Una imagen de los dos que siempre me gustó mucho. Estoy contento, disfrutando muchas cosas de la familia que antes era muy difícil de vivir. Justamente ahora nació mi sobrina, la hija de mi hermano que está jugando en Buenos Aires (Joaquín Mattalía, arquero de Comunicaciones). La verdad es que dejé de jugar y al principio me costó mucho la decisión. No fue sencillo. Pero hoy estoy tranquilo, feliz y viviendo de otra manera mi vida, pasando por cosas que de chico no pude hacer”, completa “Pablito”.

“Todavía no competí nunca en el karting, solamente he girado acá en el pueblo o lugares vecinos. El fin de semana hay una carrera en Laboulaye y tengo ganas de participar. Pero lo más importante es ir a divertirse, a acompañar a los otros pilotos. Me gusta todo lo que rodea a la carrera. Tengo dos kartings: uno que es 150 cilindradas, la categoría más común. Y el otro es un 125 cilindradas, de dos tiempos. Ese sí anda fuerte… Es difícil manejarlo y te cansa más que jugar un partido y medio de fútbol”, se ríe.

Por ahora, el karting es un hobby que disfruta, pero en su cabeza está la idea de competir oficialmente en la región más adelante. Cuando tenga más experiencia en el volante.

“El tema de perder el 100 por ciento del pelo por estrés fue muy bravo. Fueron tiempos difíciles. Yo creo que fue un combo, una suma de todas las cosas. Yo estaba jugando al fútbol de manera profesional y también con el estudio universitario, uno se presiona mucho. Las cosas se dieron así y todo pasa por algo. Ahora estoy recuperándome de a poco en el pueblo. Pero me siento feliz y es impagable esto”, detalla.

“Me gustaría decirle a los chicos que están en el fútbol que si pueden estudiar, lo hagan. Con todas las herramientas tecnológicas que tenemos en la actualidad, es de mucha importancia tener los estudios realizados. El que pueda hacer el esfuerzo, que lo haga, porque es muy gratificante saber que tenés otra salida que no es sólo el fútbol. Porque tu carrera se puede cortar por una pandemia, por una lesión, por lo que sea. Mi mensaje es ese: que traten de acompañar de la mano las dos cosas, el fútbol y el estudio. Porque va a ser muy importante para ellos el día de mañana”, cierra Mattalia, un “pibe” de 26 años muy sabio.

Que entendió el mensaje que le dio su cuerpo, su salud. Y eligió otra vida. Lo que a él le hace feliz. Y está muy bien.

 

FUENTE: lavoz.com.ar

 

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