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24 de marzo de 2019

EL CASO DEL CURA ABUSADOR EN EL DIARIO EL PUNTAL

SE TRATA DE LA DENUNCIA DE CAROLINA FERREYRA DE MONTE MAÍZ

Se informa a la señorita Carolina Ferreyra que se ha concluido la investigación previa sobre la denuncia por ella presentada contra el presbítero (...) La misma fue enviada a la Congregación del Clero. Posteriormente este Dicasterio ha respondido que la Santa Sede considera inconveniente que un presbítero preste un servicio político como el de intendente municipal, y por otra parte, considera que las denuncias que pesan sobre él son creíbles y graves”.

Lo que antecede es la nota que días pasados recibió Carolina, la joven de Monte Maíz. La misma lleva el sello del Obispado de la Ciudad de Río Cuarto y del Tribunal Diocesano de Córdoba, y la firma del vicario general Juan Carlos Giordano.

Debieron transcurrir 19 años para obtener una respuesta. Es que Carolina desde 1999 viene denunciando abusos sufridos por parte de un sacerdote que hoy se desempeña en un cargo municipal en el sur cordobés.

Para la denunciante, hoy una mujer, este escrito alivia en parte la pesada mochila que carga desde hace años y que la lastiman emocionalmente toda vez que debe rememorar los hechos.

Carolina es de Monte Maíz, pero en su adolescencia vivió en un pueblo del sudeste cordobés. Era una activa participante de los grupos parroquiales y fue en ese ámbito donde fue vulnerada.

La denunciante accedió a hablar con Puntal y repetir su historia. Y es repetir, porque ya en enero de 2018 por redes sociales, más precisamente por Facebook, contó en detalle lo ocurrido. Y fue esa exposición pública la que finalmente permitió que la Iglesia la escuchara.

Comienza la charla aclarando que no dará el nombre del sacerdote denunciado, hoy con uso de licencia, y desempeñándose en una intendencia. “No lo hago para preservarme. Porque yo no hice la denuncia en la Policía, ni en la Justicia ordinaria, fui a la Iglesia porque creí que era el ámbito en que debía hacerlo. Además no sé si estoy preparada para iniciar una acción penal. Espero ver cómo actúa el Tribunal Eclesiástico”.

Respetando la decisión de la denunciante, es que este medio no expone el nombre del denunciado. “Yo hice  la primera denuncia ante la Iglesia hace 19 años, dos veces, en Río Cuarto y en Córdoba capital, y no pasó nada. Nunca me llamaron posterior a eso.  Tampoco se hizo nada”, señala Carolina.


Una carta en el Face


El 15 de enero del año pasado decidió exponer su caso públicamente en Facebook. “Lo hice porque el contexto social es otro”, admite. Y agrega que anteriormente sólo había contado su calvario en terapia y la profesional le había aconsejado ir por los carriles  de la Iglesia.

“Tras hacer pública mi carta el año pasado, la Iglesia la tomó como si la hubiera hecho ante ellos. Entonces me llamaron a Monte Maíz y me convocaron a una reunión para hablar del tema”, narra. Carolina señala que  ya había expuesto en octubre de 2017 su denuncia ante el obispo de Río Cuarto, Adolfo Uriona. “Le había informado esto y relatado lo que había hecho hace 19 años”, remarca.

El año pasado, finalmente, mantuvo una reunión con enviados del Obispado. “Fueron hasta Monte Maíz el vicario y un notario a tener una entrevista conmigo. Fue en febrero del año pasado. Tuvimos una entrevista de dos horas en la que di mi testimonio. Después me pidieron que lo ratifique con una carta que fue entregada en manos al obispo en marzo o abril de 2018”, cuenta con detalle.

La investigación iniciada por la Iglesia siguió su curso ordinario. “Me volvieron a llamar en agosto o septiembre del año pasado, pero les pedí me esperaran, porque cada encuentro para contar lo que me ocurrió me afecta psicológicamente y me impacta emocionalmente”, declara.

Sigue el relato de Carolina: “El año pasado en septiembre me llaman para juntarme con el responsable del Tribunal Penal Canónico del Obispado de Córdoba. Yo estaba en la capital, así que fui y me reuní. También estaba el vicario de Río Cuarto”. 

Finalmente, la semana pasada, Carolina recibe la nota, arriba reflejada, en la que la Iglesia considera “creíble” la denuncia y hasta califica de “graves” los hechos. En realidad el escrito refiere a una resolución proveniente de la Santa Sede. “Yo decidí publicar la nota porque no es sólo mi denuncia, hay otra que pesa sobre el mismo sacerdote. Las dos denuncias fueron enviadas al Vaticano y las dos tienen la misma respuesta”, sentencia .

Tras concluir esta etapa, ahora viene una segunda, que la Iglesia lleve adelante un proceso como si fuera un juicio, pero dentro de la institución.

Consultada por qué no concurre a la Justicia ordinaria, insiste en que no lo hace porque siente que aún no tiene la fortaleza para llevarlo adelante. “No sé si quiero exponerme emocionalmente a ese proceso. Esto lo hago para que otras mujeres no pasen los mismo”, finaliza.



Patricia Rossia.  Redacción Puntal



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