OPINIÓN

3 de agosto de 2019

ALBERTO EN BELL VILLE

Alberto Fernández - Bell Ville

COLUMNA DE OPINIÓN DE ARIEL TORTI - EX DIRECTOR DEL AFCA BELL VILLE - PROFESIONAL ESPECIALIZADO EN TELECOMUNICACIONES

El imprescindible y -ojalá así sea- eficaz discurso argumentativo de Alberto Fernández se vio precedido por una exposición aguerrida de Domingo Carbonetti. La casa Justicialista -cuesta decirle a tanto lujo unidad básica- estuvo repleta de intendentes del departamento, dirigentes, militantes kirchneristas, referentes barriales y compañeros justicialistas que en 2015 votaron a Macri. En Córdoba no es un oxímoron señalar semejante cosa (justicialistas que votaron a Macri), ya que hay mucho de verdad cuando se dice que, por estas tierras, el PJ y la UCR suelen compartir electorado. En el salón “José Manuel de la Sota”, Carbonetti arrancó los primeros aplausos (auto) destacándose en el rol de armador de esa jugada: el departamento Unión es a partir de hoy un ejército de soldados para garantizar el triunfo de Alberto. Las desavenencias con Cristina fueron de ella hacia la provincia más que de la provincia hacia la nación. En la isla cordobesista es posible pensar que en términos territoriales y políticos la provincia es más que la nación (“el presidente que quieras” “los diputados de Juan”). Más allá de las especulaciones sobre si el armado de Carbonetti - Caserio expresa lo que fue la disputa entre De la Sota y Schiaretti -no estuvieron el Legislador Iturria, ni el funcionario Galo ni el Concejal Pedano entre otros- lo cierto es que Carbonetti gobierna el proceso territorial de Bell Ville y el sudeste a contramano de las definiciones del Gringo. Orientó sus referencias a la trama de un armado que, seguro, intendentes históricos del campo popular le demandaron. Pudo leerse entre líneas que, parte de su objetivo, fue demostrar dónde está el poder. Marcó la cancha con, al menos, 20 años de juego político desde el gobierno y el poder (1999). Las pretensiones de renovación por otra conducción ¿quién la encarnaría? deben esperar.

A su turno el intendente de Pascanas Rodolfo Filipponi encendió el auditorio. Su sólido discurso profundizó el sentido de la reunión, justificó el armado, ejemplificó el impacto del macrismo en los sectores más vulnerables, politizó las miradas. Rodolfo emociona porque habla desde abajo, mueve fibras que siempre están atadas a una lectura política que excede el cordón cuneta o la iluminación de una plaza. Con semejante cuadro, Pascanas debe sentir a diario que le sobra Intendente. Iván Vieyra recogió en su momento la calidez de la dirigencia y en especial el apoyo de Alberto (“volveré cuando seas intendente”). Iván resaltó la necesidad de que nuestra ciudad se articule con la provincia y la nación desde la expectativa de que tal cuestión podría impulsar a Bell Ville hacia otro destino. En el plano local, pegadísimo a Juan, Iván tuvo la señal “del Alberto de Cristina” en el PJ que conduce Carbonetti. Un imposible si pensáramos tal cosa hace 60 días atrás. 
En el llano del auditorio estuvo Martín Gila, candidato a intendente por el Frente de Todos. El desacuerdo en el plano local transfirió al acto la tensión de esa pretensión de unión peronista (“Todos”) en una provincia justicialista que fue demasiado indiferente en días históricos entre 2003 y 2015: ley de medios, matrimonio igualitario, AUH, estatización de las jubilaciones, políticas de derechos humanos, etc. Más allá de los votos o no en el Congreso de ese tiempo, este peronismo prescindió de la construcción de sentido de aquella agenda. Incluso, digamos más, los diputados de Juan votaron muchas de las pérdidas de derechos propuestas por Macri desde el 2015 a la fecha. No siempre nacen los derechos.
La venida (a la provincia y la ciudad) del candidato a Presidente estimuló el debate peronista en Córdoba, y lo que puede leerse como una oportunidad para que la indiferencia de Juan tenga un límite, puede entenderse también como una apuesta para que el Albertismo juegue fuerte intentando obturar -a futuro- la referencia ineludible de CFK y sus dirigentes y militantes. No habría que olvidar que el peronismo del tiempo kirchnerista es un sujeto político social que vive y re vive en torno a una experiencia transformadora; y que los acuerdos de coyuntura tienen el tamaño de lo efímero y la ausencia de las bases. Lo único y mucho que pasó del generalizado “no vuelven más” al “vamos a volver” cantado en la casa peronista de Bell Ville (¡!) fue: la reflexión política. Caudal de votos y sentido político empiezan en el sur.

Cerró Alberto con precisión quirúrgica y poca voz. No equivoca palabra ni retacea definiciones que muestran que hay otro camino, bien parecido al inmediato anterior. Politizó un espacio que reabrió sus puertas apurado por la definición de la coyuntura local y que hoy, 2 de agosto del 19, sacudió el almidón de los propios. No es poco. Enorme oportunidad para pensar que “combatiendo al capital” implica parar la reforma laboral que trae el FMI bajo el brazo, entre otras cosas.
Los diputados son del pueblo. Y el pueblo es lo más parecido al trabajo. Van llegando las boletas de gas y se hace imposible olvidar la indiferencia para con Scioli en octubre de 2015. 
"Miremos para adelante", repite Alberto. Eso implica desalambrar la provincia. No entró nadie, es cierto. Pero se hace desafiante salir, para ser país, de nuevo y con Todos.

 

POR: ARIEL TORTI – BELL VILLE

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