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EL RAYA

14 de mayo de 2020

EL COLO IANOTTI Y SU RECUERDO DEL TRINCHE

Daniel Gustavo Ianotti

ANTES DE ESA FINAL QUE PROTAGONIZARON COMO COMPAÑEROS SE HABÍAN ENFRENTADO EN ROSARIO

Otro de sus ex compañeros en Argentino del ´88 recordó al Trinche Tomás Felipe Carlovich. Se trata del “Colo” Daniel Gustavo Ianotti, goleador de la Liga Beccar Varela en 11 temporadas. El ex centro delantero de Argentino destacó sus cualidades futbolísticas y contó algunas anécdotas de aquellos años.

En la mañana de Radio Línea, Ianotti expresó: “Todo el país futbolero está muy dolido por lo que pasó. Tener que morir porque te roban una bicicleta no tiene nombre. Era un personaje. Un mito en Rosario. En unos años se va a hablar de Carlovich como hablan de Fito Páez o del Negro Olmedo. Él agarraba la bicicleta y se recorría todo Rosario. Una humildad tremenda tenía”.

El Colo lo conoció en Rosario. Si bien no eran del mismo barrio –Ianotti de B° Ludueña; Carlovich de B° Belgrano- son lugares vecinos. Se han enfrentado en campeonatos barriales.

Al respecto, Ianotti dijo: “Eran campeonatos en donde se jugaba por la cerveza o por plata. Y ahí lo enfrenté por primera vez. Después, siendo muy joven, lo enfrenté en un partido con Argentino de Rosario – club en donde yo jugaba- contra Central Córdoba. Ese año mi club había armado un súper equipo, como para ascender de Categoría. Pero el equipo no tuvo buenas actuaciones. Por eso, sobre el final del Torneo jugamos todos chicos locales. No me acuerdo claramente pero creo que en ese partido también jugó Oscar Brasesco, un conocido de acá también (de Lambert). Nos tocó jugar un clásico con Central Córdoba en donde jugaba Carlovich. Eso era en Primera División C”.

Sobre el juego del trinche dijo: “Mi tío era amigo de él y mi papá lo vio jugar mucho. Yo no lo vi jugar tanto; salvo en una final que jugaron Central Córdoba y Almagro. Ese día nosotros jugamos un preliminar de la Asociación Rosarina y nos quedamos a ver el partido. Fue algo magnífico. Yo nunca vi hacer una bicicleta en la mitad de la cancha. Y ese día él lo hizo y lo aplaudieron de pie. Lo que él tenía era potrero puro. Y eso es parte también de Rosario. Yo he llegado a jugar hasta descalzo. Es potrero puro. Pero es muy difícil definirlo porque tenés que haberlo visto. Y así mismo es muy difícil explicar que clase de jugador era. Se divertía jugando. No quería ser profesional. Solo quería ir a jugar al fútbol y divertirse; nada más. Y acá lo tuve de compañero en la primera final que jugamos con Lambert en el año 1988. Ese día él jugó y convirtió el gol nuestro. Era una persona especial pero muy solitaria. No tenía comunicación con nadie. Hablaba muy poco. Pero tenía mucha humildad”.

Por último repasó el episodio de la segunda final donde el Trinche fue el gran ausente: “En ese momento nos dio mucha bronca. A todo el equipo le cayó muy mal eso. Pero luego, con el paso del tiempo, y conociendo un poco más su historia, nos dimos cuenta de que él era así. Porque fue a River Plate, estuvo dos prácticas y cuando lo hicieron concentrar agarró el bolso y se fue a Rosario. Lo citaron a entrenar con la Selección Argentina y no fue. El mismo Aldo Poy, figura de Central, cuenta que eran compañeros en ese club y que no iba a entrenar. Porque si tenía ganas de ir a pescar o a comer un asado con los amigos prefería irse. Todo jugador quiere llegar a lo más alto y trascender. Pero él era todo lo contrario. El día de la segunda final yo estaba afuera de mi casa y para un auto y era mi compadre –ya fallecido- Luis Llorente, y me dice: “Vamos a tomar un café a la terminal?. Me pareció raro que fueran a la terminal cuando estaba la sede del club. Así que fuimos para allá; 11 de la mañana cuando llegaba el (colectivo) Monticas (proveniente de Rosario) y un dirigente, Alberto Pascucci –que ya no está entre nosotros- salió afuera y le dio toda la vuelta al coche mirando hacia adentro. Vuelve a la terminal y dice: no vino, no vino. Y fue una situación muy fea porque era un jugador importante, había jugado muy bien el primer partido y hasta había marcado el gol. Eso fue un bajón para el equipo, para el Técnico (Julio Baggini) y para los dirigentes. A mí primero me costó digerir el mal trago. Pero con el paso del tiempo, y escuchando sus historias, asumí que él era así. Un tiempito después de la final yo tenía a mi esposa internada en Rosario y yo salgo por un pasillo del Sanatorio y él entraba. Y nos cruzamos. Yo lo miré, él me miró y agachó la cabeza. Y yo miré para otro lado porque hacía poquito que esto había pasado y no me animé a saludarlo ni él tampoco a mí. Pero a lo mejor ni me registraba. Pero fue así. No le dije nada”, concluyó.



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