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24 de agosto de 2025

DETERIORO EN LA ALIMENTACIÓN POR LA CAPACIDAD DE COMPRA

UN DESAFÍO TAMBIÉN PARA LA SALUD PÚBLICA

Un reciente estudio revela preocupantes tendencias en la alimentación de la población, marcadas por el sobreconsumo de harinas, panificados y azúcar, y un déficit en la ingesta de frutas, verduras de hojas verdes y lácteos. Esta situación, impulsada por restricciones económicas, lleva a la sustitución de alimentos nutritivos por opciones de menor valor nutricional.

El sobreconsumo de alimentos de bajo costo, como pollo, papa, pan y azúcar, configura un patrón alimentario que responde a las condiciones socioeconómicas, pero que también genera alertas de salud. El exceso de harinas, panificados y azúcar aumenta el riesgo de enfermedades como obesidad infantil, diabetes y cardiovasculares.

La subalimentación en rubros críticos como frutas, verduras y lácteos compromete la ingesta de proteínas, vitaminas, minerales y fibras, esenciales para una buena salud. Es fundamental abordar esta problemática desde una perspectiva integral, que considere tanto la educación nutricional como el acceso a alimentos saludables a precios accesibles.

 

Datos de relevancia brindados por el IETSE (autor del Informe)

El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) presenta el Estudio “Alimentación Argentina: La distancia entre la dieta recomendada y la consumida”, realizado a partir de 3.750 encuestas de hogares distribuidas en las 23 provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo que le otorga absoluta representatividad nacional.

Este trabajo demuestra con evidencia estadística una realidad que atraviesa de manera profunda a los hogares argentinos: la alimentación real está cada vez más lejos de lo que las guías oficiales consideran una dieta saludable y equilibrada.

 

Principales hallazgos:

-           Existe una marcada subalimentación en rubros elementales como frutas, verduras y lácteos, comprometiendo el acceso a proteínas y vitaminas básicas.

-           Se registra un sobrecargado consumo de harinas, panificados y azúcar, con posibles efectos directos en la salud (obesidad infantil, diabetes y enfermedades cardiovasculares)

-           La dieta promedio de los hogares argentinos se reconfigura en torno a productos de bajo costo, como pollo, papa o pan, que si bien estos dos últimos pueden resolver temporalmente  la necesidad de saciar el hambre, lo hacen en detrimento de la calidad nutricional.

 

Esta situación no es nueva, pero el sostenido deterioro del poder adquisitivo en el último tiempo la ha llevado a niveles alarmantes.

La pérdida de ingresos, y la creciente desigualdad social, han profundizado la dependencia (principalmente de los sectores sociales económicamente más vulnerables) a productos más económicos y poco nutritivos.

Esto significa que la mesa de los hogares argentinos se ha ido ”nivelando hacia abajo,” menos nutrientes y más carbohidratos; afectando el normal desarrollo de la infancia y la adolescencia.

La notable caída del poder de compra, convierte a la alimentación en un factor de exclusión: acceder a lácteos, carnes magras, frutas o verduras de calidad se ha transformado en un privilegio de minorías, mientras que la mayoría ajusta su dieta a la supervivencia.

Los hallazgos del informe deberían encender una alarma urgente.

El Estado argentino define su canasta básica sobre la base de una dieta recomendada (desde hace décadas - muy levemente actualizada) por el propio INDEC, pero la distancia con la dieta real muestra que las políticas de ingresos y de asistencia alimentaria resultan insuficientes. 

Sin medidas concretas que mejoren el poder adquisitivo y garanticen el acceso a alimentos nutricionales, la crisis alimentaria continuará profundizándose.

El presente informe no es solo un relevamiento estadístico: es un espejo social de la Argentina actual.



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