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28 de septiembre de 2017

CONDENARON A FUTBOLISTA POR VIOLACIÓN

POR UN HECHO DE ABUSO SEXUAL CON ACCESO CARNAL OCURRIDO HACE TRES AÑOS. EN EL CASO ESTUVIERON INVOLUCRADOS DOS JUGADORES DE INDEPENDIENTE. EL CONDENADO JUEGA ACTUALMENTE EN TEMPERLEY

Los códigos del patriarcado

El caso de Alexis Zárate, condenado a seis años y medio de prisión por violación, y la importancia de los clubes de fútbol en la construcción de masculinidades. 

Durante siglos nos pidieron callar y aguantar. Porque en definitiva nosotras nos pusimos en ese lugar. Si fue tu marido, qué te jode cumplir con el deber marital, si es lo que le debés por haberte escogido para que le des bebés. Si fue un tío, para qué jodés, si vas y lo abrazás, de pollera te paseás sabiendo que es hombre. Sabés cómo es. Si fue el amigo de tu novio, que querés, te quedaste dormida entre todos dejando entrever tu desnudez. Provocás ¿no lo ves? Si fue el flaco con el que empezaste a salir, subió a tu casa, ¿qué esperabas? Si el tipo quiere y vos no cedés, en definitiva es que querés. Todxs escuchamos alguno de estos aprietes alguna
vez.

Existe en nuestra cultura todo un entramado de abusos y llamados al silencio que permiten que que el abuso se cometa. La noche que le cambió la vida a Giuliana no fue la excepción (sí, a Giuliana, porque del futuro promisorio de Alexis Zárate ya hablaron otros). Ella hizo lo que cualquier piba que sale con un pibe: se fue con él a disfrutar, eso que permite el consenso entre dos personas que se desean mutuamente. Pero Giuliana se despertó de la peor manera, con uno de los amigos de su novio violándola. Automáticamente los pedidos de silencio aparecieron. El club, las carreras y la importancia de las vidas personales y profesionales del grupo de varones arremetió contra ella, que en medio de todo eso quería gritar, para que no pase nunca más.

Durante tres años, Giuliana se dedicó a luchar, mientras ellos se dedicaban a jugar. Porque, a esta altura ya lo sabemos de sobra, la justicia tarda en llegar, más aún en un sistema patriarcal. Giuliana nos enseñó, sin pedirlo y sin querer, a miles de pibas a no ceder. Lo hizo por ella y por todas. No callar, no dejarla pasar, no poner el futuro promisorio del varón por encima del suyo. Por su lado, los varones en cuestión echaron mano a los códigos del patriarcado para taparse, cubrirse, con la suya salirse y seguir jugando.

En el mismo mundo en el que justificaban que a un futbolista no se lo convocara a la selección porque generaba el rechazo de sus pares por haberse “robado a la mujer” de un colega (aviso por las dudas: la mujer no es un objeto que se pueda robar y se fue por su propia voluntad), se le daba cobijo a un violador. Que haya más Icardis y menos Zárates en el fútbol y en la vida.

Tres años tuvieron que pasar para que la justicia dictara una sentencia y el entorno dejara de pavear. Y no quiero dejar de remarcar que, durante esos tres años, el violador no vio afectada su libertad. Todos sabían lo que había pasado, pero es tan bueno en lo suyo que no lo vamos a arruinar por una piba que no se supo callar como le supimos enseñar. Y es necesario remarcar que hoy el ámbito será el fútbol pero esto pasa en las organizaciones políticas, en los laburos, en las familias. En toda la sociedad.

Tras el fallo de la justicia, Temperley decidió accionar, separarlo del plantel y el fuego se volvió a prender. Si la justicia se ocupa, para qué joder. Y sí, vamos a joder porque el club cumple un rol en la comunidad y a muchos pibes les debe enseñar que solo existe el sexo si de lxs dos hay voluntad. De todas maneras, a diferencia de Temperley, Independiente decidió callar y Martín Benítez continúa su carrera como si no fuera culpable de un delito que es más grave que la simple complicidad.

Los clubes y quienes los conforman tienen la responsabilidad de aportar a la construcción de una sociedad sin ningún tipo de violencia y en la que a las mujeres no se las pretenda silenciar. El club decidió bien, por convicción o por corrección política, dio el primer paso y pateó los “códigos” a la mierda. El trabajo que resta, como institución, como comunidad y como sociedad es hablar, nunca callar. Como dice la antropóloga Rita Segato, “hay que reducir el caldo de cultivo, revisar lo cotidiano, se tiene que combatir con un diálogo abierto en la sociedad, en todos los espacios, no solamente en las escuelas”.

 

NOTA DE OPINIÓN:  IVANNA CAZORZI

FUENTE: revistauncanio.com.ar

 



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