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OPINIÓN

18 de octubre de 2017

QUE EL "CUERPO" NO TAPE EL BOSQUE

POR MARIANO OMAR MILLÁN

En horas de la tarde del martes personal de la Prefectura Naval Argentina encontró un cadáver en Esquel, más precisamente en el río Chubut, en inmediaciones donde se lo vio por última vez al joven artesano Santiago Maldonado. El hallazgo se produjo por tareas de buzos tácticos en un lugar donde ya se habían hecho tres rastrillajes sin resultados positivos. De este último rastrillaje participaron además ocho perros adiestrados de la División de Cinotecnia de la Prefectura. Este último operativo fue ordenado por el nuevo Juez de la causa, Dr. Gustavo Lleral.

A partir de la aparición de este cuerpo, en estado de descomposición avanzada, comenzaron a rodar versiones que caminan por veredas opuestas de la misma manera que lo hacen las hipótesis sobre la desaparición de Santiago Maldonado. Este hombre, de tan solo 28 años de edad, es un artesano que se dedica a hacer tatuajes en una Feria y que hasta el 1° de agosto, día de su desaparición, vivía en la ciudad de El Bolsón, cerca de Bariloche. Hoy se puede decir que su máximo “error”, por el cual desapareció, es su apoyo al reclamo de los pueblos originarios por sus tierras ancestrales. Su última participación en una manifestación de este tipo ocurrió hace más de dos meses y medio donde, luego de esa tarde, no se supo más de él.

Los máximos exponentes informativos del país tejieron las más absurdas historias sobre su desaparición; historias que llegaron a límites insospechados a tal punto que algunos referentes políticos se hicieron eco de ellas. Por caso la Dra. Lilita Carrió, llegó a decir hace algunas horas que: “Hay un 20% de posibilidades de que Santiago Maldonado esté viviendo en Chile”. Referentes políticos y comunicacionales que nunca tendrán la generosidad de reconocer errores y pedir disculpas al pueblo argentino por intentar ocultar la verdad. Lo mínimo que se puede esperar es una disculpa a la familia de Santiago que tuvo que soportar los embates mediáticos del poder de turno aguantando calificaciones tales como “terrorista” refiriéndose a quien no es más que una víctima de manejos del poder que creíamos olvidados. Nos equivocamos. Están aquí; más en vigencia que nunca.

A medida que pasan las horas la esperanza de la aparición con vida de Santiago Maldonado se transforma en una utopía. Y el pensamiento de la gente corre en dos caminos paralelos; descarriados ambos, pero paralelos al fin. Se perdió de vista lo esencial, lo más importante, lo único en lo que deberíamos pensar.

¿A alguien le interesa la vida? ¿O seguiremos transitando por el mezquino camino de los intereses? Intereses de todo tipo: políticos, sectoriales, económico o ideológicos. Mezquinos todos ellos. Tanto como el razonamiento que prevalece en una sociedad desorientada. Que perdió el rumbo. Que no sabe cuáles son los límites ni reconoce objetivos. A tal punto que en medio del escándalo no puede comprender el dolor. El dolor de una familia; el dolor de una sociedad; el dolor de la muerte.

Apareció un cuerpo en el río; sin vida. Devastado por la impericia, la negligencia, la intolerancia y la criminalidad.

 Que se sepa la verdad. Por tolerancia a la disidencia; por el derecho a pensar distinto; por el deber de la Justicia. Pero fundamentalmente por Respeto.



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